Esas esposas que no sabían nada

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Abril | 2013

Los casos de corrupción nos dan muchos motivos para reflexionar sobre la conducta pública y privada de nuestra sociedad. Pero hay un aspecto que llama mi atención por las reacciones que provoca, no sé si superficiales o hipócritas. Me refiero al papel de las mujeres de los imputados/procesados, sean políticos, empresarios o financieros.

Las esposas más mediáticas despiertan pasiones. ¿Sabían o no sabían? ¿Sospechaban? ¿Se fiaban incondicionalmente de sus maridos? ¿Eran sus cómplices? ¿Se aprovechaban 'del momento'? Digo esto por alguna novia que reparó en los chanchullos justo al final de la relación, o por aquella alcaldesa consorte despechada que denunció, en prime time, cómo su marido arrastraba bolsas de basura llenas de dinero hasta el armario matrimonial.

Hablemos claro. ¿Están al tanto todas las esposas de las finanzas familiares? ¿Conocen los salarios, los bonus en juego? Con excepciones, todavía es el hombre, histórico proveedor del dinero, quien hace y deshace, aunque consulte (o comente) ciertas inversiones. Tratar de dinero inquieta a muchas mujeres y el día a día permite evitar el asunto, sobre todo si el marido dice no querer llevarse los problemas a casa, lo que explica que algunos hayan podido ocultar haberse quedado en paro o dificultades en espiral catastrófica. Las mujeres, aún hoy, identifican el dinero con la seguridad, mientras que los hombres lo relacionan con la libertad y la capacidad de actuar. Si en casa no falta de nada, ¿para qué hablar más?

Hay que compartir riesgos y decisiones porque la factura siempre se paga

La corresponsabilidad doméstica está todavía por llegar y lo cierto es que hoy pervive un reparto de funciones tácito y cómodo para ambas partes. Es legítimo, pero no exento de riesgos. Son muchas las mujeres que administran el dinero familiar, pero no van más allá del 'gasto corriente'. Lo 'macro' se les escapa. Las declaraciones separadas o cumplimentadas por terceros dejan fuera de su alcance datos muy significativos (y lo 'negro', si existe, tampoco constaría en un formulario). Encima, internet ha barrido hasta la documentación bancaria (que solía llegar a nombre del marido) y solo es accesible la cuenta compartida.

Que esta tónica femenina entre cómoda e irreflexiva es habitual se demuestra en contextos dramáticos, como son los divorcios o la muerte del marido. Algunas encuentran sorpresas muy saneadas, pero otras ven desaparecer incluso sus gananciales.

En absoluto considero a cualquier marido un estafador en potencia. Pero las mujeres deben responsabilizarse mucho más de aquello que tanto afecta a la unidad familiar. ¿Es el dinero un tema tabú en su pareja? ¿Temen parecer interesadas? ¿Desconfiadas?

En los temas de dinero pesa el nivel educativo, pero también la personalidad de la mujer, su independencia y seguridad. A grandes rasgos, en las mujeres con poca formación y escasos recursos, se puede justificar el silencio por ignorancia y hasta miedo. Quienes tienen más cultura y una profesión, en cambio, aparentan asumir un comportamiento con el dinero semejante al masculino, pero solo lo aparentan: si le dieran tanto valor como ellos, no lo perderían de vista, ni caerían, por ejemplo, en la famosa brecha salarial.

Vuelvo a las esposas mediáticas. ¿Debían sospechar del éxito de sus maridos? ¿De sus ingresos? ¿De la compra oportunísima de un coche o una casa? ¿Podemos juzgarlas más duramente que a otras mujeres anónimas? Para mí, ellas son buenos ejemplos de lo necesario que es ser adultas en el terreno económico y compartir en pareja, de verdad, riesgos y decisiones, porque la factura, al final, siempre se paga.

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