• Presentación LIbro Eva Levy
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Enero | 2013

Algo que aprendes con los años, salvo que sufras el Síndrome de Diógenes, es a desprenderte de cosas: ropa, muebles, ¡libros, con lo que eso duele!... Te quedas con lo esencial (y un poco más) y dejas hueco al futuro. Yo suelo añadir, cada diciembre, la poda de mi bandeja de recortes. De 2012 han sobrevivido, por ejemplo, un artículo de SModa sobre el joven neofeminismo europeo y norteamericano, muy online y desprejuiciado, comentarios al documental Las Constituyentes, sobre mujeres de la Transición (quiero repasarlo) y algún obituario de Rita Levi Montalcini a quien siempre he admirado, porque Nobel aparte, en su vida centenaria siempre tuvo en cuenta a las mujeres.

Sobre las neofeministas poco tengo que decir: les seguiré la pista. Pero me anima ver que hay chicas dispuestas a defender, a su estilo, su propio espacio, sin darlo todo por supuesto. Las diputadas de la Transición aportan una sabiduría imprescindible hoy: en algunas cuestiones, importa más lo que une que lo que separa ideológicamente y si las mujeres nos beneficiamos entonces de la superación de prejuicios, ahora nos podríamos beneficiar de otros gestos. En cuanto a la neuróloga italiana, representa esa solidaridad con mayúsculas que a veces echo en falta en las mujeres, sobre todo entre algunas muy “situadas”, cuando pretenden que sólo los méritos aseguran el éxito, ciegas a las barreras que frenan a tantas congéneres, o, peor, temerosas de compartir con “advenedizas” lo que ellas han conseguido con mucho sufrimiento.

Debemos rescatar las ideas sólidas y las opciones compartidas

En un momento en que tantas instituciones, certezas y hasta estilos de vida se han venido abajo, tenemos la oportunidad de librarnos de lo fallido rescatando las ideas sólidas y las opciones compartidas que nos hacen más fuertes. Individualmente podemos hacer mucho, pero asociados, más, como vemos todos los días de estos tiempos aciagos.

Me centraré en las Asociaciones de Mujeres, no por barrer para casa (recientemente me nombraron presidenta de honor de WomenCEO, un grupo rompedor, privilegio que agradezco infinito), sino porque llevo un par de décadas moviéndome ellas, lamentando –además de algunas miserias- que no sepamos sacarles todo el partido. Hay varias razones. Una es nuestra falta de tradición “civil”, que debilita la confianza en la fuerza que podemos ejercer desde una estructura con ideas claras. Otra es que las asociadas no siempre entienden que darse de alta en un grupo es pedir un papel activo en la transformación de la realidad.

Las Asociaciones suelen funcionar con el voluntariado de sus asociadas, pero si no hay planteamiento claro, compromiso y una buena organización al final todo queda en unas pocas manos, pronto desbordadas, y el grupo languidece. Ciertamente, no todo el mundo tiene la misma disponibilidad, pero se trata de hacer lo poco o mucho que se pueda. ¡Y aprender a captar fondos!

La crisis –dicho de otra forma: el fin de las subvenciones, que siempre son pan para hoy y hambre para mañana- va a terminar, si no lo ha hecho ya, con algunos proyectos asociativos. Pero quedarán en pie muchos otros, a los que toca ahora preguntarse si quieren formar parte del horizonte que asoma tras los cambios a los que nos vemos abocados.

Aunque el mayor desafío de las Asociaciones es comunicarse entre ellas. Formar redes potentes. Encontrar esos (pocos) terrenos comunes por los que unir fuerzas y ponerse en marcha. Sí: a eso se le llama “lobby”, palabra nefanda en el imaginario nacional. ¡Pero la de cosas que podríamos conseguir desde la seguridad tranquila y dialogante que da el poder!

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